Sepa dónde puede comprar el producto que busca
En nuestro país el sol es sin duda el peor enemigo de la madera situada en exteriores y, en general, de la madera en construcción, ya que la mayoría de los trabajos realizados con este material -ventanas, pérgolas, puertas de entrada, mobiliario urbano, etc- están expuestos a su acción.
De las radiaciones emitidas por el sol, son las radiaciones ultravioleta y la radiación infrarroja las que más afectan a la madera. Actúan conjuntamente, pero su efecto es muy diferente.
Radiación ultravioleta
Esta radiación quema las células de la superficie de la madera, pero sin calentar la misma. El efecto que produce es un agrisamiento y descamado de la madera, más acentuado en las maderas rojas como la teca, el iroko, elondo, etc. La radiación ultravioleta es reflejada en los tonos marrones y oscuros del espectro, propiedad que se utiliza para proteger la madera mediante la aplicación de una pigmentación superficial.
Radiación infrarroja
Al contrario que la anterior, esta radiación calienta la superficie de la madera, pero sin quemarla. Produce la evaporación del agua contenida en las células de la superficie originando tensiones en el interior de la madera que producen fisuras, grietas, combinadas con alabeos. El efecto de esta radiación infrarroja es reflejado por los tonos claros del espectro.
En la actualidad una fórmula para proteger la madera de los efectos de la radiación ultravioleta consiste en la aplicación de un pigmento resistente a la radiación (generalmente un óxido mineral) que actúa como superficie reflectante. Pero hay que tener en cuenta que sobre todo en zonas muy calurosas, las superficies oscuras (buenas para reflectar los rayos ultravioletas) absorben la radiación infrarroja y por tanto calientan demasiado la superficie de la madera. Si esta madera es muy resinosa puede dar lugar a problemas de exudación de resina creando un efecto desagradable en la superficie.
En nuestro país es conveniente pues, emplear tonos y colores que no sean demasiados oscuros, que puedan provocar un calentamiento excesivo de la superficie de la madera. Asimismo este exceso de calor puede provocar la evaporación del agua contenida en las células que al tratar de salir, destruye los barnices peculiares aplicados en la superficie.
Envíe sus comentarios